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El propietario del Mencía Mencía critica que las administraciones incumplan la promesa de reformar la terminal. Tanto lucenses como visitantes afirman que el restaurante es «de lo poco salvable» en la estación de autobuses de Lugo. Una especie de «oasis» en medio de la degradación que anida en el resto de la terminal, donde las instalaciones anticuadas y la falta de seguridad son caldo de cultivo a diario de peleas, robos, amenazas e insultos a viajeros y trabajadores, destrozos, venta y consumo de drogas o fugaces encuentros sexuales, entre otros sucesos. Un deterioro imparable que hace peligrar la continuidad del restaurante, según afirmó ayer el propietario del Mencía -forma parte del grupo La Palloza-, Ramiro López. «Hei de aguantar o que poda, pero estou desmoralizado. Ninguén fai nada. Se ven que a estación está ben así para recibir ao turismo, que a teñan, pero eu estou acabando a paciencia, e cando acabe pecho [...] Gracias a Deus non dependo do negocio da estación para vivir», explicó el hostelero lucense. Recordó que en los cerca de cinco años que lleva funcionando el restaurante de la terminal -abrió el 13 de septiembre del 2004-, las diferentes administraciones han incumplido todas las promesas de reformar y adecentar el recinto público. «Fixemos unha inversión moi grande pensando que todo ía ir acorde [la mejora del resto de la terminal de autocares], pero seguimos igual; eu máis non podo facer», lamentó el empresario, que en este tiempo ha tocado a «todas as portas». «Non saben o dano que lle fai a Lugo ter a estación así», reflexionó. La única razón que por el momento lo anima a seguir adelante -afirma- son las 14 personas a las que da empleo en él. «Non teñen culpa de nada, e moito menos de ter uns representantes nas administracións inútiles e nefastos, peor imposible». En este sentido recordó que en los turnos de trabajo se ve obligado a incluir siempre a un hombre y a una mujer porque, debido a la inseguridad, «non podemos deixar que estean dúas mulleres soas». Al parecer, las amenazas son habituales y por este motivo también tiene dificultades para encontrar personal. Algunos empleados se niegan a trabajar en el lugar. Fuente: Lucía Rey /La Voz de Galicia |






